Esto lo aprendí en mi propia casa y es lo que más me ha rendido.
Yo sacrificaba parte de lo mío para el huésped. Le daba mi cama, mis muebles, mi vajilla, y me iba a dormir a otro lado. Con lo que iba entrando me compraba lo nuevo para mí.
Y hay un detalle que cambia todo: nunca compré barato por ahorrar. Compraba lo que me gustaba, bonito y de buena calidad, porque pensaba que era para mí. Cuando la ocasión lo ameritaba, se lo pasaba al huésped.
No estoy en una zona céntrica ni turística. Aun así me elegían. Precio accesible, con cosas bonitas, agradables y básicas.
Amoblar bien te abre una segunda puerta. Si no consigues inquilino fijo por contrato, publicas en plataformas de estadía con un mínimo de veinticinco a veintiocho días. Cubres el mes igual. Y cuando llega alguien del extranjero o de provincia, muchas veces se queda un mes más, o mucho más.
Semiamoblado ya te sirve para eso. Sin amoblar, no.